Tielmes

Tielmes

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En plena cuenca del río Tajuña, a 43 Km. de Madrid y una población de 2.658 habitantes, Tielmes emerge entre un atractivo entorno marcado por bellos paisajes de campiña y vega.

La riqueza de sus tierras bañadas por el Tajuña ha propiciado asentamientos humanos que se atestiguan ya desde el Paleolítico, Neolítico, pasando por el Bronce y Edad del Hierro. El importante yacimiento de la cueva del Cerro de Juan Barbero con restos datados en torno al 2.500-2.000 a. c. que se sitúan en el período Calcolítico en transición al Bronce, es el primer yacimiento conocido de la edad de los metales en la Comunidad de Madrid.

Tielmes parece ser la Thermeda romana, asociada también a la posterior población visigoda, cuya presencia queda probada por la necrópolis hallada en las cercanías del pueblo. En este período se introdujeron nuevos cultivos que fueron desarrollados con la llegada de los árabes a estas tierras. A finales del siglo XI Alfonso VI reconquista la zona. Con el paso del tiempo pasó a manos de diferentes señores y en el siglo XVI consigue el título de villa.

Tielmes cuenta con diferentes atractivos monumentales, el principal exponente de éstos es la Iglesia Parroquial de los Santos Niños Justo y Pastor, dentro de un claro estilo barroco madrileño. Se comenzó a edificar en el XVII y fue terminada en el XVIII. Consta de nave única con columnas toscanas, arcos de medio punto, bóveda de cañón y torre de tres cuerpos. En la misma plaza a la que da nombre, también encontramos la fuente más antigua del municipio fechada en 1872.

Hecha en la 2ª mitad del XVIII de mampostería y con donaciones del pueblo, la Ermita de los Santos Niños que parece estar levantada sobre los restos de un antiguo yacimiento romano, representa un pequeño templo de gran devoción popular destacando más que por su valor arquitectónico por su valor sentimental ya que está situada al pie de las cuevas del risco de los mártires donde se supone se escondieron los niños escapando de las autoridades romanas.

La principal casa señorial de la villa es el Palacio de los Condes de Pernía, localizado en la ladera del cerro, ofrece unas vistas espléndidas de todo el pueblo. Es un buen ejemplo de casa de campo y recreo. Fue  construida en el siglo XVII por el conde de Pernía, siguiendo los gustos de le época por la vida campestre. Deteriorada por el paso del tiempo y los acontecimientos históricos, en los años cincuenta siendo adquirida por la Audiencia Territorial de Madrid, fue rehabilitada para uso social y educativo.

La Casa Museo y Escuela Rural es una edificación del siglo XIX que fue escuela y vivienda del maestro. Nace con objeto de recuperar, proteger  y mostrar la vida típica diaria de sus gentes. Durante la rehabilitación del edificio aparecieron unas pinturas murales que se fechan al parecer en la segunda mitad del siglo XIX. Otra muestra de la vida popular en Tielmes, son las casas-cueva tan frecuentes en el valle del Tajuña, excavadas en la zona alta del pueblo, mayoritariamente en el Cerro de las Perdices, aprovechando la composición calcárea del terreno, un tipo de viviendas que podemos conocer en el Museo casa-cueva de la localidad, y el Lavadero municipal construido en los años 30, es un ejemplo más de la arquitectura popular del municipio.

Un claro exponente de las obras públicas que se llevaron a cabo en Castilla en el siglo XVII, es el Puente sobre el río Tajuña. Dirigida su construcción por Juan de La Torre, las obras comenzaron en el año 1637. Realizado en piedra, se caracteriza por el ángulo que se crea sobre la base del mismo hacía mitad del puente, lo que le convierte en una joya arquitectónica. En 1706 la guerra de Sucesión y una desafortunada riada acabaron destruyéndolo, aunque veinte años después fue reconstruido en su forma original.

La Vía Verde del Tajuña a su paso por el municipio nos brinda un interesante recorrido por la naturaleza que discurre paralelo al río Tajuña en dirección a Carabaña. Tielmes nos sorprende, por sus bellos paisajes. La vega y el páramo con muestras de fauna y flora de gran valor son los paisajes más característicos, en donde abunda la vegetación de ribera y especies arbóreas como álamos, olmos, y chopos, o  encinas y robles ya en el páramo, terreno en el que se extienden los cultivos cerealistas y matorrales de especies olorosas como el tomillo, el romero  o el espliego. La fauna típica se compone de pequeños mamíferos como liebres, conejos, jabalíes, zorros, y aves, entre las que destacan ánades, estorninos, búhos reales, o la avutarda.


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